Blog de la revista Pellagofio (Semana 27, 3 julio 2011)


Edición semanal digital de la revista Pellagofio

 

Incluye el reportaje-lectura del verano...
De sal blanquísima y sabrosas jareas

 

PORTADA VIRTUAL
• El sabor está en un charco

Comenzamos la publicación de la serie Lecturas de Verano 2011, con materiales de la Hemeroteca Yuri Millares. Repetimos la experiencia del año pasado, que gustó a nuestros lectores y a nosotros nos permitió recuperar para el formato web viejos reportajes. En esta ocasión, unimos dos textos publi- cados en octubre de 2000 y agosto de 2001, dedicados a la sal de charco de Vicenta Bravo. “La sal de la salina es una sal que la curte usted en los cocederos, como llamamos, y entonces la sal se jace como amarga, es más gorda, diferente. Yo tengo sal ahí de Janu- bio y se diferencia de la que es de charco. Se la pone usted a la comi- da y si le pone poca, queda desa- brida, si le pone un poquito de más la comida es amarga. Con la de charco la comida tiene otro sabor”.

SÓLO UNAS PALABRAS COMENTARIO DEL EDITOR

Y aquí seguimos pese a Telefónica, sus engaños y su incompetencia

Como otros muchos usuarios de internet, en PELLAGOFIO tampoco nos libramos del pésimo servicio de las empresas de telefonía en España

En la redacción de PELLAGOFIO nunca hemos disfrutado de una velocidad en internet que pudiéramos llamar decente cada vez que tenemos que subir materiales a la web. Eso repercute en nuestro trabajo (debemos dedicar muchas más horas a preparar la edición digital de la revista) y en la publicación (que retrasa su salida sobre lo previsto). Estamos a dos kilómetros (apenas un ratito caminando) de un edificio de la compañía Telefónica que distribuye la señal a la comarca, pero dicha señal debe recorrer un viejo cableado de cobre (según los propios técnicos de la compañía) que no da de sí para el tráfico que soporta hoy. Eso no le impide a la empresa ofrecer paquetes de productos que no funcionan, velocidades para navegar que no se cumplen ni de lejos, pero facturando unas tarifas abusivas que ni siquiera distinguen la diferente calidad de servicio que prestan a los usuarios (es como pagar un billete de primera clase en un crucero por el Caribe, pero no tener camarote y dormir en una litera entre cajas de la bodega). Y lo peor no es eso: te llaman por teléfono para venderte productos que son una estafa o son falsos. Y eso, con total impunidad.

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en la dirección: buzon.pellagofio@gmail.com O TAMBIÉN AL PIE DE ESTA PÁGINA

LA REVISTA PELLAGOFIO EN NUESTROS ARCHIVOS

HISTÓRICO DE LA EDICIÓN SEMANAL
• El primer verano de nuestras Lecturas, en 2010

Éste es el primer PELLABLOG en el que apareció publicada la serie Lecturas de Verano, en 2010. PELLAGOFIO recuperaba así en formato web y dentro de su Hemeroteca Yuri Millares más materiales publicados originalmente en formato papel, como el reportaje “Una chispa patera y cabezuda”: la historia de la vieja destilería de ron de la Aldea con anécdotas de sus trabajadores y de cuando armaban buenos esparrameros (Para acceder, haga clic sobre la imagen de página.)

HISTÓRICO DE LA EDICIÓN MENSUAL
• Lanzarote se pone al día en los mapas

Los errores en la toponimia de la isla de Lanzarote, visibles por ejemplo en los mapas del Servicio Geográfico del Ejército que se emplean de modelo a otras ediciones, han sido corregidos por el investigador Agustín Pallarés, añadiendo incluso topónimos que habían quedado olvidados. El propio Pallarés lo explicó en un artículo para los lectores de PELLAGOFIO. (Para acceder, haga clic sobre la imagen de página.)

Acceso rápido a otros contenidos en este PELLABLOG:

• GASTROPRODUCTO > y la estrella es...

Frangollo con leche asada

• WEBS PELLAGOFIO > acceso a otras páginas del grupo...

Guía de Quesos de Fuerteventura, para conocer su historia y localizar queserías

FRASES

DE MATADOR DE DRAGONES AL ESTEREORIPO DE POLÍTICO ETERNIZADO

 

“Sospecho que Teddy [Bautista] no entendió las razones de que se convirtiera en una de las personas más odiadas de España”

El periodista Diego A. Manrique, una firma del diario El País cuando de música se trata, escribe (1-VII-2011) una de las primeras semblanzas biográficas del presidente de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) Teddy Bautista, al calor de su detención tras el resgistro de la sede de la institución en Madrid por efectivos de la Guardia Civil. Su trayectoria de músico innovador y gestor eficaz se trunca casi al final de su carrera... o eso parece. “En los últimos años, el matador de dragones se había transformado en otro estereotipo: el político eternizado en su puesto. Parecía trabajar para los poderosos e ignorar a los demás –escribe Diego A. Manrique–. A su disposición tenía una bolsa de préstamos y adelantos que le permitía establecer una agradecida red clientelar. Como un político de caricatura, decía a todos que sí y luego se olvidaba de sus promesas. Estaba tan alejado de la calle que no entendió lo hirientes que resultaban su sueldo y su (prevista) jubilación, cuando inauguró una tardía política de transparencia. Seguramente, tampoco advirtió la confluencia en su persona de tantos vectores de sospecha e indignación. Se le iba poniendo cara de chivo expiatorio”.

ENLACE con el artículo de opinión “La doble vida de Teddy Bautista” en la edición web de El País:
Haga clic aquí

 

EL REPORTAJE DIGITAL / HEMEROTECA YURI MILLARES

PELLAGOFIO comienza aquí su segunda edición de Lecturas de Verano, viajando a Lanzarote para conocer cómo han extraído los nativos de esa isla la sal de charcos de la costa. Una sal exquisita que distingue con su sabor y sus cualidades aquello que sazona.

Sal de charco blanquísima y unas jareas sabrosas

Vicenta Bravo Marrero ha pasado los últimos doce años entre los olores que desprenden los calderos y sartenes que pone cada día al fuego, en la cocina del restaurante familiar que tiene con la participación de sus hijos. Sus guisos y frituras tienen el toque de una sal de gran calidad que ella misma recoge en los charcos de la marea, una actividad que ha practicado toda su vida desde que se acuerda. Una vida en la que los recuerdos tienen sabor pero, sobre todo, olor.

El mar y la tierra
La existencia de Vicenta Bravo transcurre desde que se casó ligada al pueblo de Femés, pero nunca ha dejado de relacionarse con su aldea natal, Las Breñas, y la costa cercana de Playa Blanca. “Las Breñas es este pueblito que encontramos primero no, el segundo. De ahí vengo ahora”, señala desde la atalaya a la que se asoma Femés hacia el sur. El mar y la tierra son para ella dos caras de una misma vida en la que ha trabajado mucho pisando suelo firme pero vinculada siempre a esas aguas azules tan presentes en cuanto se alza la vista del suelo.
De hijas a abuelas
Antes del restaurante, dice, “vivíamos de cultivar la tierra”, porque “antiguamente no se sembraba sino trigo y cebada para hacer gofio y coger paja para los animales”, explica con la mirada dulce de su rostro asomado a un pañuelo que le cubre el pelo. Pero también señala a Emiliano Duarte Rodríguez, su marido, marinero en los barcos de cabotaje, al relatar la vinculación de su vida al inmenso océano que, sin embargo, remonta más atrás. “Por lo menos desde que tengo uso de conocimiento, me recuerdo de ver a mi madre y a mi abuela cogiendo sal de charco”, retrocede en el tiempo.
La sal de la vida llega sólo de mayo a agosto
“Antes vivíamos casi que de eso. Mi abuela cogía sal, cogíamos marisco que se embotellaba en las latas y eso lo hacíamos para vender. Vendíamos sal, vendíamos marisco y lo que cogíamos de la tierra. De ahí vivíamos”. La sal de charco, como la llama, es bien diferente a la que se recoge en las salinas y tiene una época más restringida por las mareas, sólo de mayo a agosto. “Es decir, ahora mismo el mar está tormento. Es en los meses de mayo y junio que la mar ya se va quedando y quedan los charquitos llenos de agua. En esos charquitos va naciendo la sal. Nosotros más o menos estamos al tiempo, vamos y hacemos un raspado y la cogemos muy limpita y muy buena”.
En lancha a los barcos
Esa sal de charco la necesitaban “porque antes no había neveras, ni había nada”. La que producían a gran escala salinas que se construyeron a lo largo de toda la costa conejera de norte a sur era para exportar. “La sal de Janubio, yo recuerdo pequeña, venían los barcos por Playa Blanca a cogerla. Los camiones la llevaban de Janubio a Playa Blanca o para Arrecife. Los hombres dían a cargar los sacos todo el día metidos [en el agua], la echaban en aquella lancha y al barco”. Ya casada, además de verlo lo vivió, pues su marido partía en esos barcos cargados de sal, “la Estelena, el Diana, para Villa Cisneros, para el pescado, que no lo traían fresco como hoy, se cogía y se salaba en alta mar”.
Ese pescado jareado, sabroso, oloroso
Para comer pescado fresco sólo tenían que esperar a que regresaran cada día a tierra los barquillos que cada amanecer partían a las aguas cercanas o, simplemente, ponerse con una caña en la orilla. “En mi casa, comprarlo no lo compraban, porque no teníamos con qué tampoco, aunque no nos faltaba porque mi abuelo se dedicaba a ir por las orillas por el norte a viejas. Mi abuela jareaba si sobraba. Las iba empresando, unas viraditas para abajo, otras viraditas para arriba, con piedras arriba para que se presaran. Y cuando íbamos a sacar, ya sequitas, eran amarillitas que golían, pues ni sé cómo golían, porque era un olor... sabroso. Es que era pescado seco y jareado fresquito”.
Distinto el charco de la salina
Que la sal de salina y la de charco son diferentes lo tiene muy claro Vicenta Bravo. “Yo creo que la diferencia será que la salina de Janubio es una sal que curten el agua arriba...

A veces hay que meter los pies en el charco, si este es grande y éste lo es.


Según va raspando la sal, que coge teniendo “cuidado de que no salga con ciscos, porque la cogemos con cuidadito por arriba (Si el fondo del charco tiene arena, la vamos llamando poquito a poco con el raspador y que salga blanquita)”, se la va poniendo con la raspadera en la mano izquierda… y al cesto.


Páginas originales del reportaje “Recuerdos con olor a jarea”, que se publicó en 2000 en el diario 'Canarias7', dentro de la serie “La ruta de los sentidos”, uno de los dos que PELLAGOFIO recopila aquí.


Páginas originales del reportaje “Arreglando charquitos”, que se publicó en 2001 también dentro de la serie “La ruta de los sentidos” y que también recopilamos aquí.

 

La de charco, asegura Vicenta, es más fina y más blanca. Con ella sazona el cabrito que fríe en una sartén con abundante ajo o guisa en un caldero con agua para después jerverlo con vino, tomillo, orégano y una fritura de cebolla y tomate. En el pasado esta sal era para salar la carne que se guardaba, en este caso, de cerdo. “Con sal de charco, porque antes no había neveras, ni frigoríficos, ni había nada”.

 

...en los cocederos y esta sal del charco es agua fresca que entra el mar cada vez que se llena y es agua muy fresquita y la sal queda blanquita, limpita y muy finita. Y no es tan salada, porque la sal de Janubio es mucho más salada que esta sal”. Son cualidades que hacen de este producto un condimento muy apreciado en muchas casas de la isla. “A veces no encontramos porque todo el mundo está a lo mismo. Yo cuando voy camino ocho o nueve kilómetros para coger un saquito. Y bajar riscos y subir, que es muy peligroso”.
Con un raspador y un cesto
Aunque también tiene de Janubio, sigue prefiriendo la que llama de charco porque “no es tan salada”, explica. Con un raspador y un cesto de pírgano que también emplea cuando va a mariscar, baja por las rocas hasta donde se forman los charcos que llenan las mareas más altas. “Aquel charco no se llena sino cuando hay mareas fuertes”, dice de regreso en su casa una mañana que ha ido. “Aquí ya no hay quien le eche agua, aquello es lo que el mar llena y luego a lo mejor voy yo y lo encuentro cuajado. Otro va mañana y si tiene coge”.
El cuidado del charquito
Según va avanzando el verano “la sal va saliendo más gorda, porque es la misma agua que queda. Pero cuando los charquitos eran llenos, es decir, que arreglábamos las salinas y les echábamos el agua, la sal siempre salía finita, porque claro, era agua nueva que le poníamos, no le quedaba sal vieja dentro sino que las limpiábamos y luego volvíamos a llenarlas”, sigue relatando, buscando en sus recuerdos de infancia.

La sal del cesto la va acumulando en unos montones al borde del charco, para llevársela cuando pueda o la necesite.


La mañana en que la cámara registra esta secuencia, cuando termina de raspar la sal de charco se lleva el cesto cargado a casa.


Vicenta sale de Salinas Bermejas con su cesto lleno de blanquísima sal de charco y el raspador.

Agua en latas de aceitunas
“De niña me llevaba mi madre, y mi abuela. Por detrás de donde estuvimos ahora. Ahí arreglábamos los charquitos, los llenábamos con unas cacharritas de estas que venían antes con aceitunas y luego cuando se cuajaba la sal, la cogíamos”. Eso podía ser al cabo de unos pocos días. “Dependía de los tiempos, eran ocho días con el sol bueno y que no hubiera mucho viento. Cuando el agua estaba muy fresca que la sacábamos de la marea, estaba quince días”.
En abril, a arreglar; en septiembre, un extra
El mes de abril era el que comenzaban “a arreglar las salinitas”, como las llama, y tenían durante los siguientes meses hasta agosto. “A veces, si no habían malos tiempos ni los días como lluviosos, se podía coger algún pizquito en septiembre, pero muy poco”, asegura.
Descalzas y con una camella
En una temporada podían recoger entre 60 y 70 fanegas. Tanta cantidad no era sólo para el autoconsumo. La cogían para venderla y de este modo aportar algún ingreso en su modesto hogar. Descalzas y por una veredita, se acercaban a las orillas con una bestia. “Yo me acuerdo de ir con mi madre y con una camella y traer la camella cargada con sacos en la silla. Eso se vendía barato. Recuerdo que mi abuela vendía sal a peseta el medio almud”. Había quien venía hasta su casa en Las Breñas, a por una fanega o dos, “pero después mi abuela salía con los burros a Mácher, a Tías. Llevaba la sal y la cambiaba, traía fruta, higos picones, lentejas, trigo, millo”. La sal iba en unas alforjas sobre el animal y con la mano llenaba el medio almud tantas veces como le pidieran.
En una amasadera y a vender por almudes y fanegas
“Nosotros la poníamos en una amasadera, ¿usted sabe lo que es la ?, donde se amasaba el pan. Ahí vaciábamos los sacos de sal y ahí la medíamos. Si había alguien que nos encargaba ‘tráigame una fanega de sal’, ya la llevábamos medida. Otro decía ‘tráigame dos almudes’, pues la llevábamos también preparada. Porque antes eran pueblitos pequeños y mi abuela tenía sus clientes y le decían: ‘Mire, Edelmira, tráigame mañana media fanega de sal’, y si ella no podía ese día le decía ‘no, yo vengo tal día”.
Cada orilla con su nombre
Siendo Vicenta una muchacha, mucha gente acudía a coger sal a los charcos, pero cada cual tenía su sitio y se respetaba. “Por las orillas esas llamábamos cada sitio con su nombre: Estaba el Callao Cho Castro, después la Cañada Mareta, Pejerrey, Samarín, más abajo el Paredón Blanco, las Hoyas de Blas, después el Bufadero, el Rincón del Palo, donde estuvimos es en las Salinas Bermejas, más abajo eran Los Placeres, después la Peña Ginés, el Morro Camacho”, describe. “Cada uno teníamos nuestro sitio. Donde nosotros estuvimos hoy las hacía una tía de mi madre. En las del Rincón del Palo las hacíamos nosotras, mi madre, mi abuela. Mojonábamos con cal y ya sabían que aquellas salinas eran nuestras”.

 

Textos y fotografías: Yuri Millares

GASTROPRODUCTO

RECETA CON... MIEL DE PALMA O GUARAPO

 

Pellagofio Ediciones presenta en el volumen quinto de esta colección cinco platos elaborados por el chef José González en su restaurante El Cucharón, en este caso uniendo dos postres en una eficaz combinación que baña con miel de palma. Si desea adquirir el libro (al precio especial de 4,95 € + gastos de envío), escríbanos a: buzon.pellagofio@gmail.com

Frangollo con leche asada

 

Ingredientes
Para la leche asada
–2 huevos enteros
–las yemas de otros 6 huevos
–1 litro de leche
–canela en polvo
–cáscara de limón
Para el frangollo
–250 gr de frangollo (millo molido grueso y crudo)
–1 litro de agua
–matalahúga en grano
–pasas de Corinto
–almendras fileteadas
–sal y azúcar

 

Elaboración
–Para la leche asada, ponemos la leche a hervir en un recipiente con canela en polvo y cáscara de limón.
–Batimos las yemas y los huevos enteros. Mezclamos bien con la leche y ponemos al horno a 180 grados unos 35 minutos.
–En un caldero o calentador ponemos al fuego el frangollo y el agua y mezclamos bien. Añadimos los otros ingredientes y removemos hasta que el grano esté guisado. Dejamos reposar.
–Rellenamos unos moldes formando dos pisos en los que, cuando los servimos en el plato, debe quedar la leche asada encima y el frangollo debajo.
–Ponemos los moldes con su relleno en la nevera hasta el momento del consumo, desmoldamos y añadimos un chorro de miel de palma por encima. El cocinero recomienda disfrutar del frangollo con leche asada y miel de palma bien frío.

WEBS PELLAGOFIO

ESTA SEMANA, EN NUESTRA RED

 

Premios Agrocanarias 2011 a los mejores vinos del archipiélago
vinos de Canarias

senderos de Canarias

Bordeando el roque Nublo hacia la hoya de la Vieja, en Gran Canaria

 

Guía de Quesos de Fuerteventura, para conocer su historia y localizar queserías

 

► PARA ANUNCIARSE EN LAS WEBS DEL GRUPO PELLAGOFIO, ESCRIBA A: pellagofio.director@gmail.com


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