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EL SALTO DEL PASTOR

Salto del enamorado
Foto de salto del pastor

 

Un relato de Talio Noda Gómez, autor, entre otros, de los libros Salto del pastor y Pastoreo en la isla de La Palma, reeditados recientemente.

 

HISTORIAS DE PASTORES DE LA PALMA

 

El salto del enamorado

Por Talio Noda Gómez

Debido a la orografía del terreno, especialmente en las islas occidentales, los pastores canarios se han valido de unos palos largos para ayudarse en sus desplazamientos. En algunos lugares como la Caldera de Taburiente, en La Palma, no se concebía un pastor sin su lanza. La lanza es el nombre que se le da en esta isla al útil consistente en una vara de madera en uno de cuyos extremos se le incrustaba un cuerno (en principio) y más tarde una punta metáliza llamada regatón.

Los pastores la usaban para bajar y subir riscos y pendientes. Al descender apoyaban el regatón en la parte más baja del terreno y se dejaban deslizar hasta alcanzar el nivel deseado. Si la altura era superior a la medida de la lanza, realizaban un salto a regatón muerto: el pastor quedaba un momento en el aire, hasta apoyar el regatón en terreno firme.

Para subir o salvar un obstáculo fijaban el regatón en el suelo y con un impulso alzanzaban el lugar deseado.

Aparte de estos dos usos principales, existían otras formas de utilizar la lanza en el pastoreo: como el de realizar un giro de 180º en el vacío para esquivar un impedimento. Así cuentan que ocurrió en la leyenda del Salto del Enamorado.

Cuenta la leyenda
Esta leyenda cuenta que un pastor se enamora de una muchacha de diferente clase social. Ella lo desprecia y le pone como condición, para aceptarle, realizar tres veces el paso de un sitio muy difícil de La Galga (Puntallana, La Palma), en el que el pastor tenía que desplazar su cuerpo sobre el vacío hasta llegar al otro lado.

En la primera ejecución, el pastor invoca a Dios y lo consigue; en la segunda a la Virgen María con igual resultado; y en la tercera, que invoca a su amada, se despeña. Desde entonces, se conoce ese lugar con el nombre de Salto del Enamorado.

Pero leyendas hay también en otras islas con la lanza como protagonista. En La Gomera se puede escuchar el relato de “El muerto que mató al vivo” y cuenta cómo dos pastores enemistados se pelean y uno da muerte al otro. El vencedor entierra a su víctima cerca de la Laguna Grande y se marcha  a Venezuela para evitar las acusaciones. Pasado el tiempo, vuelve a La Gomera y visita el lugar del crimen. Allí encontró que la calavera asomaba por encima de la tierra y en un arrebato de ira clava el astia en el hueso. Pero al intentar sacar el regatón no lo consigue, así que pone el cráneo entre dos ramas de un árbol para tirar del astia con más fuerza. En efecto, consigue destrabar el regatón pero con el impulso se clava la punta del astia en el pecho. Una cruz en el lugar señala “donde el muerto mató al vivo”.

Al cambiar la forma de pastoreo (el ganado está ahora estabulado), se ha ido perdiendo el uso de la lanza (asta, astia, garrote, lata, según la isla) y el relato de estos cuentos. En los últimos años se han creado escuelas y grupos con el objetivo de rescatar y practicar el salto del pastor de forma lúdica y deportiva.

Esteban Castro (saltando) y Alberto García, miembros de la Asociación Salto del Pastor Canario Jurria Tenerra, descienden El Time con sus lanzas del mismo modo que los pastores de La Palma lo han hecho durante siglos./ foto YURI MILLARES