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SENDERO > A través del Garajonay, de El Contadero a El Cedro (La Gomera)
El Parque Nacional de Garajonay, creado en 1981 e incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, es una complejo bosque de laurisilva de 4.000 hectáreas con altitudes comprendidas entre los 1.500 y los 800 metros. Entre su espesura, un sendero lo atraviesa de cumbre a medianías.
Entre la espesura del bosque, abundan los helechos./ foto Y. M.
Cruzando la selva de Garajonay
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Por Yuri Millares |
Siendo precisos, la máxima altura en el pico Garajonay es de 1.487 metros. La carretera insular que atraviesa el parque nacional lo bordea y pasa junto a una pequeña explanada desde donde parte este sendero: El Contadero. Desde aquí, cerca de la cota 1.400 parte el más conocido de los caminos del parque, en unos primeros pasos por un túnel vegetal que forma el fayal-brezal, formación vegetal de la laurisilva que dominan la faya (Myrica faya) y el brezo (Erica arborea), predominantes en esta altura y orientación. Escobones (Chamaecytisus proliferus) y codesos (Adenocarpus foliolosus) también abundan en esta zona cercana a la carretera.
Pero enseguida nos adentramos, descendiendo, en la espesa selva de un bosque que adquiere su máxima exuberancia y complejidad en las zonas más húmedas orientadas al norte y visitadas con frecuencia por las nubes que traen los alisios. El laurel (Laurus azorica), el paloblanco (Picconia excelsa), el follao (Viburnum rigidum) y el viñátigo (Persea indica) van sustituyendo a brezos y fayas. Algunos miradores (intercalados entre tramos de abundantes escalones que facilitan el descenso sin temor a resbalar), nos permiten ver, además de respirar, la majestuosidad que nos envuelve.
El camino, tallado a veces en el suelo, es frecuentado por relajados caminantes: familias que componen una pareja joven con algún niño, grupos de jóvenes, personas mayores con bastones de senderismo para ir más cómodos, algún aficionado a la fotografía en busca de un rincón de líquenes que viven tanto en árboles vigorosos como en maderas que se pudren. Entre ellos será difícil encontrar algún gomero, que tras muchas generaciones de vida ligada al bosque (en busca de leña para el hogar, madera para carbón, comida para los animales, incluso helechos para cocinar tortas o refugio ante persecuciones), han dejado este espacio que ahora ocupan turistas de otras islas o de tierras más lejanas.
Mirlos
Por el margen izquierdo del barranco del Cedro, donde el agua fluye discreta pero constante, seguimos el descenso hasta Las Mimbreras, lugar que atraviesa una pista forestal. El camino sigue su curso junto al cauce del riachuelo con su murmullo de vida, aunque pronto se va a separar de él. El bosque está en su máximo espesor y el día no logra atravesar la masa vegetal para hacer llegar su luz al suelo. Por doquier despegan el vuelo, al escuchar pasos, mirlos (Turdus merula) que escarban entre las hojas caidas y desaparecen entre el follaje.
Nos sorprende entonces un claro entre tanta espesura y frente a una explanada de baldosas de piedra, una pequeña ermita que debe su existencia a la “devoción mariana” de una institutriz de nombre Florence Stephen Parry. El silencio sólo reconocible por el canto de distintas especies de aves, contrasta con el bullicio de una romería que entre 1935 y 1984 invadía el lugar el último domingo de agosto y ahora sólo podemos imaginar.
Un tramo más de camino para recorrer lo que queda de espesura selvática y pronto aparece ante nosotros la zona conocida como El Cedro, en torno a un pequeño caserío de viviendas diseminadas y tierras de cultivo. El cauce del riachuelo que nos acompañó anteriormente sigue su curso hacia la cascada que lo precipitará en dirección a Hermigua, pero este otro tramo de sendero lo reservamos para otra ocasión.
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En las cumbres de la isla los roques ofrecen esta espectacular visión del Parque Nacional de Garajonay. Al fondo, Tenrife y su pico Teide./ foto Y. M. |
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| CUADERNO DE CAMPO |
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Por David Bramwell |
En julio del 1964, como joven estudiante de Botánica, pase mis primeros días en Canarias de acampada entre los magníficos viñátigos del bosque de El Cedro. El sonido de los pájaros y de las pequeñas cascadas del riachuelo me hicieron pensar que, con 22 años, había descubierto el paraíso y tengo que confesar que allí me enamoré de las islas.
El bosque de El Cedro, corazón del Parque Nacional de Garajonay, es un auténtico lujo de la Botánica; desde los árboles a los helechos, musgos, hongos y líquenes, constituye el ecosistema más representativo de las islas atlánticas de la Macaronesia. Sus árboles son relictos de otras épocas, de un Mediterráneo terciario de hace 5 millones de años, dignos sobrevivientes en el último gran refugio de la laurisilva de Canarias y Madeira.
Los laureles, barbusanos, viñátigos y tiles, las fayas, brezos y tejos son las especies características de la laurisilva espléndida del bosque de El Cedro. Y entre los grandes árboles se puede encontrar un sotobosque de acebiños, follaos y rarísimos saúcos y, en las laderas mas expuestas, los madroños, mocanes o algún paloblanco. Aquí habitan las casi míticas palomas de la laurisilva, la turqué y la rabiche, endemismos, los dos, de nuestro archipiélago. En el bosque también vive otra ave, la gallinuela, casi desconocida por ser de hábitos crepusculares, escondiéndose entre el sotobosque durante el día. El pájaro más pequeño de Canarias, el reyezuelo, es otro muy característico de Garajonay, especialmente entre los brezales y los bosques de tejos, donde también abundan los canarios de monte, los petirrojos, los pinzones y los herrerillos. La diversidad de insectos y otros invertebrados es tan amplia, que no se pueden mencionar más que dos o tres: los saltamontes de los géneros Calliphona y Acrostira y las mariposas de nombres tan románticos como Pandora o Cleopatra.
El bosque de El Cedro es un símbolo mundial de la naturaleza y de la biodiversidad y, además, es un modelo canario de la buena gestión de un Patrimonio de la Humanidad.
| FICHA | |
Ilustración de TONY SÁNCHEZ
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Reyezuelo sencillo
NOMBRE LOCAL: Reyezuelo, banderita. _________
NOMBRE: Cleopatra. _________
NOMBRE LOCAL: Bicácaro. FUENTE: SÁNCHEZ, Tony; y otros.
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| DISTANCIA, TIEMPO Y ALGO MÁS |
El recorrido de este camino, que tiene cinco kilómetros, se puede hacer en unas dos horas y media. Conviene evitar las últimas horas del día para iniciarlo, para que no se nos haga de noche. Incluso de día, hay zonas muy umbrías en este bosque y la oscuridad es absoluta después del ocaso.