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SALINAS DEL RÍO

A un tiro de mosquete
Tres tomaderos entre callaos

 

Las salinas más antiguas de Canarias datan de 1520 y estuvieron unos 450 años en explotación. La sal, sin embargo, todavía deslumbra con su intenso color blanco, combinado con los tonos rosados de los cocederos que la marea sigue llenando. Un espectáculo visual al pie del risco de Famara.

 

LANZAROTE

 

A un tiro de mosquete

Por Yuri Millares

Asomarse al horizonte en el Mirador del Río, en el extremo norte de Lanzarote, es descubrir un paisaje singular a vista de pájaro: el grupo de pequeñas islas e islotes que configuran el archipiélago Chinijo aparece ante los ojos entre un mar de un azul intenso. Pero el espectáculo visual no termina aquí. Apenas mirando al mismo pie del risco de Famara, desde donde desafía a las alturas el mirador, se encuentran las salinas del Río con sus singulares tonalidades. Estas salinas, también llamadas de Gusa, deben el nombre por las que más se conocen al brazo de mar que las separa de la vecina isla de La Graciosa.

“Esta parte de Lanzarote, frente al abrigo de El Río, es un risco extremadamente escarpado, desde cuyo pie al abrigo o costa hay una distancia aproximada de un tiro de mosquete. El terreno en este lugar es bajo, y se encuentran unas salinas que consisten en un espacio cuadrado de tierra nivelada, y dividido por zanjas de unas dos pulgadas de profundidad; queda en éstas el agua del mar, la cual  gracias al calor del sol y a la naturaleza del suelo, pronto se convierten en sal”. Así las describe un oficial y comerciante escocés, George Glas, en un libro de extensísimo título que publicó en Londres en 1764 tras recorrer las islas Canarias.

La ubicación de estas salinas aprovechan un extenso saladar que era “anegado periódicamente por las mareas vivas”, donde “se recogía sal desde antes del siglo XV”, según Luengo y Marín en el magnífico libro El jardín de la sal. De la importancia de estas salinas destacan estos autores, citando al historiador Agustín Millares Torres, que “ocupaban en los inicios de nuestro siglo [XX] más de 32 Has y, ya entonces, pagaban más contribución territorial e industrial que la suma de las restantes en la provincia”.

Décadas de abandono
Han transcurrido varias décadas ya desde que estas salinas quedaran en desuso, abandonadas a su suerte. También el almacén junto a ellas que construyera a finales del siglo XIX la compañía Pesquerías Canario-Africanas, una nave alargada cuya cubierta de teja a dos aguas se ha hundido. Pero su configuración, adaptada a la perfección al terreno, le permiten seguir recibiendo agua de las mareas, por los tomaderos abiertos en la playa de grandes callaos que la protege y separa del mar.

Los cocederos, situados al norte del entramado reticular donde cristaliza la sal, forman unas lagunas de llamativos colores que se abren hacia el sur permitiendo que el agua anegue periódicamente las pocetas. La sal, pese a que nadie la trabaje, ha seguido aprovechándose en cantidades mucho menores a su capacidad de producción, por los habitantes de la vecina isla de La Graciosa.

 

Pocetas rebosando sal, protegidas del viento por paredes de piedra./ foto Y. M.

 

ESCRITO EN PIEDRA

 

Tres tomaderos entre callaos

Los primeros aprovechamientos son anteriores a la propia existencia de las salinas como tal gracias al barro de la lagunilla del saladar en que se asientan. Tienen una superficie total de 90.000 metros cuadrados, de los que 33.000 corresponden a los cocederos que recogen el agua del mar y 57.000 a las pocetas donde cristaliza la sal. La captación del agua se realiza de modo natural con las mareas, a través de tres tomaderos que abren sus respectivos huecos en la orilla de callaos de la costa, frente al pueblo graciosero de Caleta del Sebo. Estas salinas son del tipo conocido como “antigua de barro” y están en el interior del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, que además de los islotes incluye el risco de Famara y los llanos del Jable.

 

Los tomaderos de agua se han abierto entre los callaos que se amontonan en orilla y a la vez protegen las salinas./ foto Y. M.