SENDERO > Barranco de la Mina (Gran Canaria)

BARRANCO DE LA MINA

Por la senda del agua del Real
Cuaderno de campo
Distancia, tiempo y algo más

 

Pocos años después de la incorporación de Gran Canaria a la Corona de Castilla, la ciudad Real de Las Palmas crecía en vecinos y cultivos. Para asegurar el suministro de agua se cavó un túnel de 342 metros entre las cuencas de Tejeda y Lagunetas: el agua aún fluye cinco siglos después.

 

EN BUSCA DEL AGUA

 

Más abajo del sendero que se recorre a pie, el barranco de la Mina también tiene caminos por los que se puede pasear a caballo./ foto YURI MILLARES

 

Por la senda del agua del Real

Por Manuel Á. Navarro

Justo en frente de la Cruz de Tejeda, entre el hotel El Refugio y un quiosco de fruta y productos artesanos, nace un sendero empedrado y bien conservado que asciende hacia el morro de la Armonía. En cinco minutos llegaremos a un cruce donde tomamos el camino de la izquierda, que asciende. En este comienzo, el roque Nublo se emplaza a nuestra izquierda y nos vigila desde su posición privilegiada, dejándonos disfrutar de su tradicional silueta.

En otros quince minutos llegamos al morro de la Armonía y discurrimos entre dos fincas valladas que pronto dejamos atrás, en un continuar entre retama y suave descenso por picón. El sendero está bien marcado y en una curva hacia la izquierda podemos optar por seguirla y encontrarnos con la carretera, o abandonarla por un pequeño sendero que también encontrará la carretera que asciende desde la Cruz de Tejeda a la cumbre.

Seguimos por la carretera hasta que vemos una casa. Junto a ella nace un camino bien empedrado, de unos 500 metros, que conduce directamente hasta la degollada del Mirador del Nublo. Aquí es donde verdaderamente empieza nuestra aventura por el barranco de la Mina.

Balada musical
Cruzamos la carretera y descendemos por la pista de unos 400 metros que allí se encuentra, hasta tomar el margen derecho de lo que se adivina es el comienzo del barranco. En poco tiempo, llegamos a la casa que distribuye el agua que se precipita por el cauce de este barranco, muy tupido de vegetación y ciertos endemismos. Desde ahora la balada musical del agua nos acompañará el resto del viaje.

Percibimos ya desde este punto la gran humedad que envuelve un barranco por el que serpentea agua todo el año. El descenso tiene lugar por el margen derecho, entre castaños y alguna higuera. Continuamente vemos pequeñas veredas que se adentran, entre los árboles, hacia la cuenca donde el agua es la protagonista. Nos arrastra la curiosidad de acercarnos a descubrir cada una de ellas y dejarnos sorprender por las varias cascadas sobre alfombras de musgo. El otoño parece un festival en este lugar que se llena de hojas que tiñen el suelo de todo tipo de tonos marrones.

Rumor del agua
El camino, bien marcado y estrecho, pasa junto a unas antiguas terrazas de cultivo y cuevas en donde se acostumbraba a acampar, pero la poca conciencia social las ha convertido en vertederos de basura. Alcanzamos el punto más delicado del trayecto y no podemos olvidar que debajo de nosotros, entre el follaje de los árboles, se esconden el rumor del agua y los gnomos de nuestra imaginación. Avanzamos con precaución por lo resbaladizo del terreno y en zigzag nos sumergimos entre los árboles que atrapan la luz.

Cuando alcanzamos el fondo del barranco conviene remontar unos metros el cauce del agua, para ver otra cascada en un entorno muy húmedo y oscuro, que da a este lugar un sabor muy especial. Después de retroceder estos metros, recuperamos el sendero y cruzamos el cauce del barranco para situarnos en la ladera izquierda. Entre tuneras y árboles llegamos a unas casas que nos conducen a la carretera de Las Lagunetas en unos 200 metros, donde finaliza el recorrido. El trayecto es relativamente corto y conviene hacerlo despacio y disfrutar del lugar.

 

Cultivo de papas con espantapájaros junto al cauce del barranco, debajo de Utiaca./ foto YURI MILLARES

 

CUADERNO DE CAMPO

 

Aquella primera visita inolvidable

Por David Bramwell
(Director del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo)

En Marzo del año 1969 salimos con la intención de hacer una excursión desde Santa Brígida a Tejeda, pero pasando del pueblo de San Mateo nos encontramos con una cascada de agua y un camino con un letrero rústico que decía “Barranco de la Mina”. Dejamos el coche en el borde de la carretera y entramos por la vereda. Sólo tuvimos que caminar unos 200 metros para olvidar nuestra intención del día de llegar a Tejeda: nos quedamos hasta última hora de la tarde en el barranco con las aves, las alpispas, los cernícalos y, especialmente, los herrerillos.  

Sentados entre las retamas (Teline microphylla), los codesos enormes (Adenocarpus foliolosus) y la retama blanca (Chamaecytisus proliferus), escuchando el zumbido de los abejones y con el agua tocando nuestros pies, no resultaba muy difícil imaginar el antiguo estado de este barranco en el limite superior de la laurisilva, con una arboleda frondosa y una flora hasta más exuberante que la actual.  

Hoy el barranco de la Mina sigue siendo uno de los lugares de más interés para el botánico, pese a tener algo menos de agua y más de antropización. Entre los tesoros de nuestra flora encontramos plantas en peligro de extinción como la Scrophularia calliantha con sus flores rojizas, los más grandes de su género, y el Hypericum coadunatum, una planta endémica que únicamente se encuentra en lugares húmedos, nacientes y manantiales de  las cumbres de Gran Canaria.  

En este barranco se pueden encontrar casi todas las especies de veroles y bejeques de la isla (incluyendo la miniatura Aeonium simsii), el pastel de risco, la Greenovia aurea y una amplia gama de híbridos entre ellos. Aquella primera visita de primavera a La Mina fue inolvidable, una auténtica paleta de colores con todos los tonos de blanco hasta el púrpura de los mayos, el blanco limpio de las magarzas, los amarillos de la cañaheja, la morgallana y los bejeques y el rosado del rosalito de la cumbre.

FICHA

Ilustración de TONY SÁNCHEZ

 

NOMBRE COMÚN: Lagartija.
NOMBRE LOCAL: Lisa, eslizón canarión.
NOMBRE CIENTÍFICO: Chalcides sexlineatus.
DISTRIBUCIÓN: Gran Canaria.
HÁBITATS: Abundante desde la línea de costa hasta los 1.000 metros.
ECOLOGÍA: Especie endémica de la isla, vive bajo piedras y se alimenta de invertebrados. Presenta una gran variabilidad y en las zonas más altas y en el sur se encuentra una forma con la cola azul o verde.

FUENTE: BRAMWELL, David y Zoë, Historia Natural de las Islas Canarias.

 

DISTANCIA, TIEMPO Y ALGO MÁS

 

Seis kilómetros y medio

El camino propuesto recorre la cabecera del barranco de la Mina en dirección a Las Lagunetas. Desde el punto de partida, en la Cruz de Tejeda hay 6,5 kilómetros que se pueden hacer en dos horas. El recorrido es fácil, a excepción de algún tramo delicado especialmente si ha llovido. Los lugares de partida y llegada son accesibles en guagua (Global).

Cinco siglos de túnel
El 26 de julio de 1501 los Reyes Católicos firmaron una real cédula que autorizaba, con un presupuesto de 250.000 maravedíes, a excavar un túnel que permitiera crear una red de canalizaciones de más de 50 kilómetros para llevar agua desde la cuenca de Tejeda al Real de Las Palmas. El túnel, de 342,5 metros, se excavó a pico en condiciones muy difíciles partiendo de sus dos extremos, que se encontraron en el interior de la montaña.


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