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EL REPORTAJE > Burros en Canarias y la raza majorera
El burro, animal cuyas cualidades para el trabajo y el transporte lo hicieron indispensable en casi todas las sociedades humanas hasta no hace mucho, se enfrenta a la extinción por las mismas razones: ya no es necesario. A las islas Canarias llegó a partir del siglo XV y con sus moñicos se mantenía el fuego.
Niño monta un burro que acarrea agua en Tacoronte (Tenerife) en 1907./ EL MUSEO CANARIOLa cagarruta que dio fuego al hogar
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Por Yuri Millares |
La vida de los isleños de este archipiélago se escribe, en los últimos cinco siglos, ligada a la presencia de un animal que aró la tierra, trilló el grano, movió molinos de gofio, sacó agua de pozos y la transportó, y un largo etcétera que incluye mantener vivo el fuego en el hogar, esa lumbre imprescindible para cocinar y dar calor que no siempre había con qué encenderla. En El Hierro, Juan Antonio González Rodríguez, agricultor que en marzo de 2004 cumplió los cien años de edad, relataba en una ocasión que “antes aquí nunca se acababa el fuego, porque hoy me tocaba a mí, agarraba un tronco de higuera seco y lo tenía toda lo noche encendido y después agarraba una cagarruta de un burro, seca, la abría, y ponía una brasita y venía usted con eso a encender en su casa. Eso después lo soplaba uno, armaba llama y le echaba unos pañucos o un trozo de tea y hacía el fuego”. De este modo, los vecinos se turnaban para tener siempre un recurso vital. “Claro. Yo iba o mandaba a un chico: ‘Vete a casa del vecino y trae el fuego’. Salía a casa del vecino y llegaba con el moñico ese, que le decíamos moñico, se le ponía una brasita y después eso agarraba fuego. Y esto se ríen si me pongo a contarlo, cosas que ignoran”, explica.
Preguntar a los mayores por el burro es revivir sus propias vidas y cómo las vivían entonces. Hombres y, también, mujeres. En La Palma, Leoncia Díaz Brito, tijarafera que se afincó en el Puerto de Tazacorte, mantuvo mucho tiempo el contacto con su tierra natal, distante apenas unas horas a pie por el camino real que sube el risco del Time. “No dejamos de sembrar allá”, era la justificación: papas, cebada y garbanzos “con el agua que llovía, porque no había riego”. Allá en Tijarafe su padre también tenía tienda y aunque “hoy es más fácil tener un coche en la casa que entonces un burro, papá tenía siempre uno porque tenía que subir las cargas del porís, donde las dejaba la falúa, para la tienda”. Una tienda que se quemó y donde “había de todo: tejidos, víveres, ferretería, calzado, de todo lo que se pudiera vender”.
Ramón Cabrera Darias salió de La Gomera cuando tuvo que ir al cuartel en 1935 y la guerra civil hizo que su servicio militar se alargara ¡siete años! Pero considera que tuvo suerte, ya que estuvo asignado a las compras de su compañía y viajaba junto al conductor de un camión que, infinidad de veces, le aconsejó aprovechar la ocasión para sacarse el carnet de conducir. “¿Para qué diablos quiero yo ese carnet si en La Gomera no hay carreteras? Cuando vuelva, si puedo, lo que hago es comprarme un burro”, decía él, convencido de que eso era lo más sensato. Y eso hizo, se compró un burrito y siempre tuvo las siguientes décadas (suma unos 20 a lo largo de su vida), hasta que, ya abuelo, lo cambió por una carrucha con motor cuando la construcción de la presa Marichal llevó la carretera cerca de sus viñas, en lo más profundo del barranco de Vallehermoso.
En Tenerife sirvió de medio de transporte de los más variados productos y hasta los turistas que, a caballo entre los siglos XIX y XX, visitaban esta isla, encontraban tarjetas postales ilustradas y coloreadas con vendedoras de leña, por ejemplo, siempre acompañadas por estos animales. Domingo Rodríguez Rojas, antiguo carbonero, cabuquero y agricultor en Las Carboneras extiende la capacidad de trabajo y de carga de estos equinos a los propios isleños que, como él, han trabajado muy duro toda la vida, dando lugar a una expresión muy común: “Antes cargábamos aquí como burros –dice–, porque esto era el barrio con más agricultura que tenía todo Anaga”. Incluso fabricaba albardas ¡para hombres!, “la albardilla le decíamos nosotros; y la mujer llevaba el ruedo en la cabeza. Los burros éramos nosotros”.
En Gran Canaria, isla donde se celebra la única feria de ganado sólo de burros del archipiélago (ver texto independiente más abajo), el antiguo pastor Jacinto Ortega Ramírez recuerda la única época de su vida en la que también se dedicó a sembrar, simultaneando agricultura y cabras. Fue en Tifaracás, en un cortijo entre Tirma y la Aldea de San Nicolás. “Los tomateros era un follón, porque después había que llevar los tomates a La Aldea en un burro y el burro no llevaba sino dos cestillas de pírgano. Creo que tardábamos dos o tres horas, caminando de Chofaracás allá abajo. Había que coger los tomates hoy para llevarlos mañana, porque no se podían coger para llevarlos el mismo día”.
En Fuerteventura y Lanzarote, junto a los camellos, han tenido una presencia aún más singular, si cabe. En la primera de estas islas, con una raza propia reconocida como tal y manadas incluso en estado salvaje, de las que aún hoy quedan pequeños reductos en Jandía; en la segunda, por su participación en unas labores tradicionales que incluyen la preparación de terrenos y siembra en enarenados de ceniza volcánica.
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“Padece de nervios, como las personas”
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![]() José González pone la albarda sólo a ‘Ceniza’, porque ‘Negrita’, su otra burra, es inquieta./ foto Y. M. |
Y una vaca suiza para hacer mantequilla. Murió muy joven, en 1916, pero aún tuvo tiempo de ser alcalde mayor de Valverde entre 1914 y 1915. Era un hombre con fortuna que compraba en oro, plata y papel. En algunas de esas tierras sigue trabajando su nieto, uno de los últimos agricultores del pueblo (dentro del municipio de Valverde) con burros, concretamente: dos burras.
La Negrita y la Ceniza, tienen una capa de los colores que sus nombres indican. “La negra es mansita, pero padece de nervios, como las personas”, explica José: “es muy vivaracha”, añade. Por eso, cuando cada día sale de su casa, junto a la carretera que atraviesa El Mocanal, y baja hacia la costa a ordeñar las cabras en Nisdafe, lo hace sentado sobre una albarda encima de Ceniza: “Voy más tranquilo con ella”, confiesa, regresando con las lecheras colgando en unas alforjas. Doce burros tiene contados en el pueblo, cuando llegó a haber cientos, dice: para traer leña a la panadería (que se medía en varas y se pagaba con pan en vez de dinero) y leche de los animales que se ordeñaban (en donde estuvieran según la época del año).
Cerca de su casa, José se dispone a arar un domingo cuando lo visita RUTA ARCHIPIÉLAGO. En dos huertos colindantes, surca con Ceniza y Negrita “para orear la tierra” en la que piensa plantar millo y papas, respectivamente. En diciembre planta las papas de invierno que cava en mayo; a últimos de agosto planta las papas tempranas que cava en noviembre. El Mocanal está a varios cientos de metros sobre el nivel del mar, en las medianías del norte de El Hierro. “En Nisdafe –hacia la costa– se plantan en junio y sin más nada, ni se arriendan ni se riegan, dan cosecha”, asegura.
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“Yo le digo ‘Juanito’ y ‘Pepito”
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![]() Eufemio Acuña coloca y amarra las cestas de carga sobre la silla./ foto Y. M.
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Después, “el burro lleva el arado que decimos tanganilla y por un tubo va bajando la semilla, que se va echando con el dedo dentro del tubito y ella sola va derechita a la tierra”, por ejemplo, de arbejas y de chícharos. “Los cebollinos hay que plantarlos con el plantón, uno por uno”. Se trate de granos o de cebollas, precisa, “si llueve se planta, si no, no se planta. Se siembra primero guano y a plantar”.
Si el animal enferma, “veces se le ponen remedios caseros y veces se llama a un veterinario, depende de lo que tenga”. Cuando habla de remedios caseros se refiere a infusiones con hierbas, “pazote, malva, manzanilla y cosas así, que se guisan”.
| LA RAZA MAJORERA (FUERTEVENTURA) |
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Por Yuri Millares |
En España hay reconocidas seis razas de burros: la andaluza, la mallorquina, la catalana, la zamorano-leonesa, el asno de las Encartaciones (Vizcaya) y, desde noviembre de 1997, la majorera, que, con unos 200 ejemplares, se considera en peligro de extinción.
Al igual que ocurrió con el camello, el burro llegó a Canarias desde África inmediatamente después de la conquista castellana en el siglo XV y su primer destino fue Fuerteventura, desde donde se extendió al resto del archipiélago (junto a ejemplares de otras razas y procedencias que en siglos posteriores fueron llegando a otras islas: “El de Fuerteventura es un burro muy pequeño y aquí no lo querían. Aquí trajeron, recuerdo, y no los quisieron; querían un burro fuerte que lo pudieran cargar hasta con 150 kilos”, relata el albardero de El Hierro Juan González –ver reportaje en sección Mi Oficio–). El mayor número de ejemplares, no obstante, siempre estuvo en la primera isla de destino, donde había muchos en libertad y en estado salvaje que aún hoy sobreviven (muy pocos y con un alto índice de endogamia) en algunos reductos en la península de Jandía (barranco de los Canarios, Vinamar, Butihondo y Cofete).
En el siglo XVIII el navegante George Glas escribió sobre un episodio en el que participó el historiador Abreu y Galindo y cuya fecha más exacta es 1580: “Los asnos traídos a Fuerteventura aumentaron tan pronto que se criaron salvajes en las montañas, e hicieron tanto daño a los nativos, comiéndose su maíz y otros cereales, que en 1591 [sic] se vieron obligados a reunir a todos los habitantes, con perros, en la isla, para dedicarse a destruirlos; en consecuencia mataron a no menos de mil quinientos. Desde entonces no ha habido en la isla más que los necesarios para ayudar a los habitantes”.
Pero nunca ha dejado de haber burros en estado silvestre, ya que el campesino majorero siempre ha practicado la costumbre de dejar libres los ganados en ciertas épocas o períodos, para que puedan buscarse el alimento que en las gambuesas y gallanías no se les podía dar.
Adaptación
La Asociación Soo… Grupo para la Conservación y Fomento del Burro Majorero destaca la importancia y adaptación de este animal en un territorio como el de Fuerteventura (llano y semidesértico), en el que “animales de mayor tamaño o menos rústicos que el burro encuentran problemas para adaptarse, tanto por la dificultad para desenvolverse como por los requerimientos de una alimentación más selecta que muchas veces era difícil de proporcionar”.
Tras el reconocimiento de la raza asnal majorera en el Registro Oficial de Razas de Ganado de España (Real Decreto 1.682/1997, de 7 de noviembre) esta asociación trabaja en la actualidad en la conclusión del árbol genealógico en convenio con la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y con la participación del Cabildo y del Gobierno canario, para determinar mediante el estudio de su ADN el origen exacto del animal, que se sabe procede del tronco del asno africano (Equus asinus africanus).
Raya en la espalda
Un convenio anterior entre la Asociación Soo… y la UAB ya ha determinado las características morfológicas que identifican al burro majorero. “Se cita el año 1450 como el de su introducción, realizada a través de la isla de Fuerteventura, por conquistadores asentados en las islas en sus frecuentes incursiones a las costas africanas (…). La característica raya de mulo en la espalda, la banda crucial y las zebraduras en las patas, así parecen indicarlo”, señala el informe del Departament de Ciència Animal i del Aliments de la UAB.
La propuesta de estándar racial del asno majorero quedó definida así:
■ Características generales. Descendiente del asno norteafricano. Su alzada oscila entre 100 y 120 cms a la cruz, con pesos comprendidos entre 125 y 175 kgs. Apariencia proporcionada. Muy armónicos, y aunque puedan parecer frágiles, son animales muy rústicos, longevos y sobrios. Perfectamente adaptados a los suelos semidesérticos y volcánicos. Vivaces, enérgicos y resistentes a las privaciones.
■ Cabeza. Cara alargada y no muy ancha. Boca recogida, de labios delgados y finos. Orejas de tamaño mediano, rectas e inhiestas, que le confieren una gran expresividad. Ojos no muy grandes, pero proporcionados y expresivos.
■ Cuello. Delgado, largo y recto. Crines cortas y enhiestas, de coloración generalmente oscura o del mismo color que la capa.
■ Tronco. Son animales brevilíneos-mediolíneos. Dorso ligeramente corto pero fuerte, recto y poco ensillado. Cruz ligeramente prominente. Vientre poco voluminoso, más bien recto. Cola de inserción baja, desprovista de cerdas en su nacimiento, pero finas y abundantes en su terminación.
■ Extremidades. Finas, pero bien conformadas y de aspecto robusto. Fuertes tendones. Cascos estrechos y bien proporcionados.
■ Capa. Torda (desde el gris claro hasta oscuro) y parda. Son características la raya de mulo en la espalda, la banda crucial y las zebraduras de las patas (La capa negra, también presente entre los burros majoreros actuales, se considera poco representativa de la raza, pero debido a la grave situación censal por la que atraviesa la población, se mantienen en la base de datos, recomendándose tomar las debidas precauciones en la programación de apareamientos).
■ Piel y pelo. La piel es fina y muy irrigada, dura y elástica. El pelo es generalmente corto, fino y suave al tacto.
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Pedro sujeta el arado que llevan sus burras ‘Blanca’ y ‘Parda’ en Llanos de Concepción (Fuerteventura)./ foto Y. M. |
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| FERIA EQUINA DE LA CULATA (GRAN CANARIA) |
Los pueblos, y hasta los barrios y algunos caseríos de muchos rincones, de las islas Canarias son protagonistas de ferias de ganado en los que los isleños disfrutan con la presencia de sus infatigables compañeros de trabajo durante generaciones de agricultura, ganadería y transportes por un territorio sumamente agreste (islas centrales y occidentales) o desértico (islas orientales). En Gran Canaria existe una honda tradición en este tipo de convocatorias, pues en una isla que cuenta con 21 municipios se contabilizan 95 ferias de ganado a lo largo del año, de enero a diciembre, algunas con más de un siglo, otras apenas con unas pocas ediciones.
Entre ellas, la única especializada en burros (también en mulos, y con la participación de caballos) es la de La Culata, fundada por Fernando G. Alba junto a un grupo de vecinos de este pago cumbrero de Tejeda. Este mes de mayo de 2005 cumple nueve ediciones. El sábado día 14 el ganado equino estará expuesto en la plaza y en la huerta inferior aledaña a partir de las 11 horas y hasta las 14.00, cuando se hace entrega de los premios en los que se prima la participación de burros y mulos (premios 1º a 5º, además de medallas de participación y un saco de pienso a los propietarios que lleven sus animales).
Y después de disfrutar con la presencia de los equinos, una banda de música recorre el barrio con sus pasodobles callejeros, celebrándose a continuación una comida de hermandad de la Asociación Feria Equina La Culata en el local social bajo la plaza. Por un ticket de precio reducido para ayudar a financiar la feria, un sabroso menú de papas arrugadas, queso, ropavieja, paella, carne con papas y carne de cerdo.

En la feria equina de La Culata de este mismo mes, en 2005, un participante acicala a su burro (arriba) y... recoge después su premio (debajo)./ fotos CLARA PÉREZ
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Por Fernando G. Alba |
Con el programa Leader I, proyecto europeo para el desarrollo de las poblaciones más deprimidas del medio rural, nació la I Feria de Ganado de La Culata. En aquella primera edición ya apostamos por recuperar animales en peligro de extinción como el burro y el mulo, utilizados para el acarreo y, en ocasiones, arado, dada la complejidad de nuestra geografía y el cultivo en bocados [pequeños trozos de tierra para la labranza] de terrazas a veces sólo accesibles para estos animales.
Con el Leader II continuamos la labor otro año más y ya sin apenas apoyo logramos que no se suspendiera la feria, creyendo en todo momento que podríamos sacar algo adelante. Cuando se acaban las pequeñas ayudas, tiramos y podemos contar siempre con el buen corazón de la gente y de la Comisión de Fiestas de La Culata, también con el ayuntamiento de Tejeda; no así con otras instituciones públicas. Casi llegamos a un punto muerto, pero Momito, incansable luchador de este evento, siempre llamaba a un servidor: “si dejamos esto, se pierde para siempre”. Y un servidor siempre decía: “pues adelante, caiga quien caiga”.
La IV Feria la tuvimos que suspender por la desgraciada e inesperada muerte de Susa Melián, luchadora nata, apoyo de la feria y presidenta de la Comisión de Fiestas, una compañera incondicional, amable y gran amiga de todos.
Constituimos una asociación sin ánimo de lucro en 2002, la Asociación Feria Equina La Culata. Después de la VIII Feria del pasado año, tocar en todas las puertas y presentar un anteproyecto a la directora de Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo, la señora Rocío, no sólo lo ve viable, sino que ya está en marcha el Centro de Recuperación del Burro, que se ubicará en lo que en su momento se proyectó y acondicionó como el Centro de Mejora de Razas Ganaderas en los llanos de la Pez y Pargana (Tejeda). Tenemos todas nuestras esperanzas e ilusiones en que la obra llegue a buen fin, ya que los animales los tenemos en cuadras prestadas de La Culata.
Esta feria se ha convertido en la más importante de las islas en reunir burros y mulos. Esperamos que este año, en la IX Feria, podamos romper todos los moldes anteriores porque el equipo humano, desinteresado, que trabaja en ella, se lo merece.
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Curiosa escena en la feria, donde este perro disfruta subido a lomos de un burro./ foto CLARA PÉREZ |
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