SENDERO > El Time a Puerto de Tazacorte (La Palma)

EL TIME-PUERTO DE TAZACORTE

Descenso vertiginoso a golpes de regatón
Cuaderno de campo
Distancia, tiempo y algo más

 

El camino real que zigzaguea desafiando la verticalidad del acantilado sobre la punta de Tijarafe, es un recorrido de gran belleza con unas impresionantes vistas. En siglos pasados fue una vía de comunicación vital con el Puerto de Tazacorte, por donde entraban y salían productos.

 

EMPINADO EMPEDRADO

 

Hombres y lanzas sobre el empedrado, con las casas del Puerto de Tazacorte a vista de pájaro./ foto Y. M.

 

Descenso vertiginoso a golpes de regatón

Por Yuri Millares

El sendero que parte desde el Puerto de Tazacorte y sube de modo vertiginoso por el acantilado de la punta de Tijarafe hacia El Time, tiene la consideración de camino real y un uso muy prolongado durante siglos. Isleños y foráneos lo han tenido que recorrer a pie o a lomos de bestias para viajar por el noroeste de La Palma. En la orilla de la playa a la que se asoma este barrio marinero con sus casas de colores, desembarcó en 1492 el conquistador Alonso Fernández de Lugo para iniciar la campaña militar que le llevaría a apoderarse de la isla.

En 1908, la viajera inglesa Margaret D’Este subió el sendero empedrado de este camino real en una excursión para ver lo que definió en su libro In the Canaries with a Camera (Londres, 1909) como la “Gran Caldera”. “Hay algo de terrorífico en el hecho de alzar la vista y mirar al zigzagueante camino incrustado en la roca, serpenteando como el diminuto rastro de unas hormigas sobre la cara del precipicio”, escribió. A mitad de la ascensión se encontró con un campesino que, asombrado porque rechazó un trago del vino que le ofreció, la invitó y aceptó unos higos pasados. Por fin en lo alto del Time, su sorpresa fue encontrarse con dos jóvenes cabreros con unas lanzas con las que “saltan de roca en roca tan ágiles como las cabras que pastorean”, según su descriptivo comentario.

El recorrido recomendado en este reportaje del sendero es el inverso, partiendo del restaurante-mirador que en El Time se asoma al barranco de las Angustias. Pegado a la pared derecha del edificio desciende una pista asfaltada hacia las fincas de plataneras de La Punta. El último tramo de la misma es de tierra hasta llegar a un viejo almacén donde muere la carretera de La Punta de Tijarafe (otra opción es llegar hasta aquí en coche por dicha carretera y realizar la caminata a partir de este punto). Esta nave albergó el empaquetado y el teleférico empleado a partir de los años 30 para transportar tomates y plátanos que se empezaron a cultivar en la zona. “A muy poca distancia de la Crucita y a la orilla del camino que conduce a los caseríos de La Punta, hase construido un bonito almacén para recibir el tomate a contados pasos recolectado, donde una numerosa serie de jóvenes muchachas proceden a su clasificación y empaquetado para la exportación”, recogía en una crónica el Diario de Avisos en abril de 1930 (Hasta el 8 de abril de 1934 no se colocaría la primera piedra del muelle).

Se cagó en los pantalones
El empinado camino, por el que a diario subían y bajaban hombres y mujeres a trabajar, tenía pues, a su lado, los cables de un teleférico en cuyo cajón viajaba la fruta… y algunos trabajadores sin miedo a las alturas. El recaudador del Cabildo y cabo del somatén del distrito en los años 30, Alejandro Mata, transmitió a su hija Nery una anécdota sobre este uso del cajón del teleférico: una pareja de guardias civiles pidió ir también para ahorrarse la caminata en la bajada y, desoyendo los consejos de quienes les advirtieron que era una impresión demasiado grande verse colgados en el vacío sobre el precipicio, viajaron como los tomates y, al llegar abajo, uno se tuvo que quitar las botas para vaciar los excrementos con que las había llenado; literalmente se cagó en los pantalones.

A partir del viejo almacén (todavía con el cable de acero colgando hacia el vacío) se va por el camino real propiamente dicho, un empedrado que serpentea sobre la vertical del acantilado y Carlos Cecilio, Esteban y Alberto –protagonistas de este reportaje– atajan con sus lanzas, en un viaje en sentido contrario al de Margaret D’Este, hasta llegar (después de atravesar antiguas casas-cueva y fincas de plataneras) al mismísimo paseo marítimo y los kioscos (restaurantes) junto a los restos del viejo muelle de Tazacorte (el nuevo muelle se sitúa ahora al sur de la playa).

 

Esteban Castro ejecuta un impecable salto del pastor con su lanza de cinco metros, atajando un tramo del camino desde El Time./ foto Y. M.

 

CUADERNO DE CAMPO

 

Mi último encuentro con el doctor Lems

Por David Bramwell
(Director del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo)

En agosto de 1965 tuve la enorme suerte de pasar unos días en La Palma en compañía del botánico norteamericano dr. Kornelius Lems. Unos años antes, Lems había publicado un importante catálogo de la flora canaria, el primero desde Flore des Iles Canaries de Pitard y Proust (1908). Pasamos unos días muy agradables en el interior de la Caldera de Taburiente y explorando el área alrededor de Los Llanos y el Puerto de Tazacorte.  

Visitamos El Time en busca de dos especies de bejeques, el muy espectacular Aeonium nobile o bejeque noble, con su enorme inflorescencia de flores rojas, y el muy poco conocido Aeonium sedifolium, una planta principalmente del oeste de Tenerife, pero citada en 1932 para La Palma por el botánico irlandés Robert Lloyd Praeger. Tuvimos la suerte de encontrar el bejeque noble con cierta facilidad y en plena floración; le hice una foto que fue utilizada posteriormente como portada de la primera edición en inglés de Las flores silvestres de las Islas Canarias, en 1974.

Nos costó trabajo encontrar nuestro segundo objetivo, pero tuvimos la fortuna de descubrir una gran población de Aeonium sedifolium en los riscos y paredes de piedras de las laderas de El Time. Crecían junto a otro bejeque de flor rosada, considerado en aquella época como una forma del Aeonium ciliatum de Tenerife, aunque, según estudios más recientes, es descrito como un endemismo de La Palma bautizado con el insólito nombre de Aeonium davidbramwellii.

Pasamos la noche en una fonda de Los Llanos y, al día siguiente, bajamos hacia el Puerto de Tazacorte paseando entre tabaibas (Euphorbia broussonetii) y cardones, hablando sobre las importantes poblaciones de damas (Schizogyne sericea) de esta parte de la isla. Ni Lems ni yo habíamos visto ejemplares tan hermosos como los de esta zona. Por la tarde subimos a una guagua que nos condujo hasta Santa Cruz de La Palma, donde yo tenía que salir para Tenerife en el ferry de la noche. Fue la última vez que hablé con Lems. Un par de años después, me llegó la triste noticia de su muerte, ocurrida en un accidente de tráfico en los Estados Unidos.

FICHA

Ilustración de TONY SÁNCHEZ

NOMBRE COMÚN: Halcón de Berbería o halcón tagarote.
NOMBRE LOCAL: Halcón, falcón.
NOMBRE CIENTÍFICO: Falco pelegrinoides pelegrinoides.
DISTRIBUCIÓN: Todas las islas Canarias y, en el archipiélago Chinijo, los islotes Alegranza y Montaña Clara y el roque del Este.
HÁBITATS: Costas y barrancos.
ECOLOGÍA: Para alimentarse captura aves, especialmente palomas. Anida en cornisas y oquedades de paredes naturales, como acantilados y riscos. La puesta es de 3-4 huevos.

FUENTE: SÁNCHEZ, Tony.

 


 

DISTANCIA, TIEMPO Y ALGO MÁS

 

2,8 kilómetros

Desde El Time (cota 600) el camino desciende por una pista hacia Mirasoles (en La Punta de Tijarafe), desde donde continúa en un empedrado en zig-zag por el acantilado: en total, 2.833 metros de sendero hasta llegar a la orilla del mar en el Puerto de Tazacorte (bajando es una hora y media).

Camino real
El tramo empedrado en zigzag pegado al risco del Time forma parte del camino real que ha comunicado, durante siglos, el noroeste de La Palma con el resto de la isla y con el exterior, a través del puerto al pie del acantilado. También era la ruta seguida por las barqueras de Tazacorte, que subían y llegaban hasta Garafía a cambiar el pescado por higos, papas y tunos secos: por varios chicharros o un par de viejas recibían una almorzada (la capacidad de dos manos juntas haciendo cuenco).