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MERO

Carnívoro voraz y muy cotizado
Historias del cabotaje / 2

 

El mero (Epinephelus marginatus) es uno de los pescados más cotizados en Canarias, como en el resto de su área de distribución. Más abajo en la misma página, segundo capítulo de Historias del cabotaje del escritor majorero Andrés Rodríguez: "Piratas y corsarios y una pelea a ladrillazos".

 

'EPINEPHELUS MARGINATUS'

 

Carnívoro voraz y muy cotizado

Por José A. González y José I. Santana
(Instituto Canario de Ciencias Marinas)

DESCRIPCIÓN
Cuerpo robusto. Opérculo con 3 espinas. Aleta dorsal con parte anterior espinosa y posterior blanda. Aleta anal con 3 espinas y varios radios blandos. Cola redondeada (juveniles) o cortada con esquinas redondeadas (grandes adultos).

COLORACIÓN
Cabeza y cuerpo pardos, rojizo oscuro o grisáceo en el dorso, dorado amarillento en el vientre; manchas irregulares (blancas, amarillo-verdosas pálidas o gris plata) en cuerpo y cabeza, en series verticales; borde de la cola blanco.

BIOLOGÍA
En Canarias es común y vive en fondos rocosos, refugiándose en oquedades y cuevas; los juveniles se hallan con frecuencia en charcos. Habita desde la orilla hasta 200 m de profundidad. Solitario, sedentario y territorialista. Hermafrodita proterogínico: las hembras maduran sexualmente con 40-50 cm y parte de ellas, a los 60-70 cm, se transforman en machos. Reproducción en verano-otoño. Carnívoro voraz, se alimenta de pulpos, peces y cangrejos.

UTILIZACIÓN Y PREPARACIÓN
En fresco o refrigerado; se comercializa entero, troceado, en filetes o rodajas con piel; cabezas y colas grandes pueden venderse por separado. Entero se cocina al horno; filetes y rodajas a la plancha, fritos o guisados. Cabezas y ventrechas se usan para obtener caldo o se fríen en trocitos. Las huevas, fritas o en salpicón.

CARACTERÍSTICAS NUTRICIONALES
Carne blanca grisácea, muy firme. Pescado semigraso, conteniendo 3,9% de grasas, 23% de proteínas y 2,4% de minerales. Aporta 128 kilocalorías, 0,14 mg de ácido oleico, 0,39 mg de ácidos grasos omega-3 y 0,012 mg de ácidos grasos omega-6 por cada 100 gramos de porción comestible.

MÁS INFORMACIÓN
www.pescabase.org

El mero es un pez solitario, sedentario y territorialista./ ilustración OCEANOGRAFICA.COM

 

HISTORIAS DEL CABOTAJE / 2

 

Piratas y corsarios y una pelea a ladrillazos

Por Andrés Rodríguez Berriel
(Escritor majorero, nieto del fundador de la naviera tinerfeña Androgon, hijo del capitán del 'Guanchinerfe' y sobrino del patrón del 'Herbania')

En el archipiélago se van acomodando una serie de patrones, mestres y pilotos, unos extranjeros, otros peninsulares y canarios, que son el arranque del cabotaje entre islas. Adaptan los primeros barcos –venidos de la Península en el gran cabotaje– que navegan con la brisa por las costas canarias; más tarde son los carpinteros de ribera de la Catumba de San Telmo, los de Añaza y San Andrés en Anaga y los de Breña Baja y Las Angustias en La Palma, los que surten de carabelas, carracas, tartanas, bergantines y balandras, barcos que mejor se acomodan a navegar en el cabotaje interinsular como para la pesca en el banco canario-sahariano.

En las referencias escritas aparecen los primeros patrones-mercaderes-corsarios, la mayoría extranjeros, como Xabán Arráez. Este corsario berberisco con base en Xauén azotó durante un siglo Lanzarote y Fuerteventura (en realidad fueron tres, un maltés, un griego y un tunecino), en réplica a las cabalgadas en el desierto y la piratería (1518) de Hernán Darias de Saavedra, señor de Fuerteventura y Lanzarote: en las primeras recolectando esclavos y reconstruyendo el castillo de Santa Cruz de la Mar Pequeña y con lo segundo capturando barcos con tasajo, cueros y amolán, que previamente había vendido a un mercader portugués y luego revendía en Madeira junto con los barcos.

Hambrunas
En los años de hambruna de 1639, el Cabildo no puede impedir la salida desde Caleta de Fuste de una balandra portuguesa, cargada con el último trigo que había en Fuerteventura con destino a Madeira. Esto acarrea la muerte de muchas personas por hambre. Los años posteriores (1650-52 y prácticamente hasta 1790), el hambre fue la constante penuria de los majoreros y el cabotaje se convierte en piratería, con derechos de corso sobre determinadas naves, con ventas y reventas de naves o mercancías. Tal es el caso de una balandra cargada de trigo en La Palma, donde la saca está prohibida, y que compra la Real Audiencia de Canarias para paliar el hambre de los majoreros. Al salir de La Palma ya no tiene dueño y este mismo grano es recomprado por el Cabildo de Fuerteventura con el dinero del Pósito, y cuando se iba a desembarcar en Tarajalejo el barco es apresado y vendido a las tribus beréberes al sur del cabo Nun.

Estas hambrunas traen episodios de evacuación de 400 familias a Canaria y Tenerife, en el barco de Nicolás Francisco, el Griego (y en otros), y que en el retorno a Fuerteventura de 160 personas después de las lluvias, con la esperanza de iniciar una nueva vida, entra buscando el soco de la punta de Jandía y se abre como una sandía al rozar la baja, que hoy se conoce como baja del Griego, un arrecife sumergido en el que dejaron la vida 140 personas.

El ‘Mandadera’ se defiende
La patente de corso era dada por gobernantes (primero en el Caribe y más tarde en Canarias) de potencias enemigas de España que, sin grandes navíos, obtenían pingües beneficios de barcos pequeños sin cargas valiosas, pero sí útiles y de fácil venta en Funchal, base del corso de los ingleses, holandeses y franceses en la zona del Atlántico norte, desde Gran Sol a Cabo Verde.

Es curiosa la defensa del falucho la Mandadera de Sebastián Ortega, que iba desde Fuerteventura cargado de ladrillos o losetas de yeso, que se usaban en pavimentos de iglesias y casas importantes. La tripulación se defiende a ladrillazo limpio del ataque de un barco holandés, que lo persigue tratando de abordarlo sin disparar un cañonazo. El falucho, al ir su tripulación tirando ladrillos, aligera la carga y coge más velocidad con lo que se distancia y termina por embarrancar. Los holandeses se retiraron por el peligro que representaba la cercanía del puerto del Arrecife (hoy playa de las Canteras) y de las Isletas.

 

Betancuria, capital de Fuerteventura en los siglos de la piratería, en una de las primeras fotografías de su historia (1895)./ foto ARCHIVO DE FOTOGRAFÍA HISTÓRICA DE CANARIAS-FEDAC

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