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SENDERO > Montaña de Tauro (Gran Canaria)
El camino real que baja de las cumbres de Tejeda hasta Mogán, tiene un tramo entre la presa del Salto del Perro y la montaña de Tauro (una de las grandes altitudes de Gran Canaria: 1.214 m) que permite disfrutar de unas vistas espectaculares de las grandes presas del sur y visitar un almogarén.
La ruta que realiza RUTA ARCHIPIÉLAGO en esta ocasión cuenta con la presencia como guía de Vicente García, experimentado senderista (uno de los fundadores del Grupo Montañero de Gran Canaria hace más de 50 años) a la vez que veterano nadador (que se ha traído a caminar a sus compañeros del club de natación)./ foto Y. M.
Huella prehispánica del culto aborigen
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Por Yuri Millares |
Para alcanzar el punto de partida del camino, el grupo de senderistas que participa en la excursión (nadadores que por un día cambian el bañador por las botas y la mochila) llega en una pequeña guagua desde Ayacata, bajando hacia la presa de la Cueva de las Niñas y tras rebasarla en dirección a Mogán, cogiendo el desvío que se dirige, en una estrecha pista asfaltada, hacia Barranquillo Andrés. Una curva cerrada de esta pista, justo cuando tenemos a la vista la presa del Salto del Perro, nos indica el lugar en el que hay que apearse (hay espacio para aparcar). Unos pocos metros más adelante se observa el sendero partir, por la derecha de la pista, en dirección a la montaña objeto de la excursión, que aparece majestuosa y solitaria ante nuestros ojos.
Iniciamos el ascenso de modo muy suave y poco después se acentúa un poco la pendiente, adentrándonos en una zona de pinar que, sin embargo, también es habitada por otras muchas especies vegetales (cerrajones, escobones, retamas, tajinastes). Atravesamos una zona umbría, la cañada de la Fuente del Durazno, y llegamos a una explanada pedregosa de nuevo al sol que, si nos acercamos a mirar, nos proporciona un mirador sobre la presa del Mulato y al fondo los macizos de Ojeda e Inagua. Poco después (a la izquierda del camino) podemos observar los restos de un antiguo horno de brea que nos indica la intensa actividad silvícola que se practicaba en la zona todavía en la primera mitad del siglo XX.
A partir de aquí, el camino se vuelve más empinado y serpenteante, entre pinares que no impiden, según la distinta orientación en cada momento, disfrutar del paisaje (si paramos de vez en cuanto a levantar la mirada que tenemos puesta en el empedrado). No tardaremos mucho en llegar a otra explanada. Estamos ya en la degollada de Las Lapas. Mirando hacia arriba aún queda algo de altura para la cima de la montaña de Tauro (1.214 m). Acercándonos a un mojón elevado de piedras amontonadas nos asomamos a una vista vertiginosa sobre el risco. Debajo tenemos el barranco de Mogán y, mirando al sur, el pueblo del mismo nombre. De regreso, apenas iniciamos el descenso por el camino, cuando podemos desviarnos donde unas piedras marcan un delgado caminito en la ladera que nos lleva a otra explanada: cuando el pinar disperso se aclara, el claro nos deja ver un precioso yacimiento aborigen, el almogarén de Tauro.
Monumento religioso
Faustino García Márquez tiene escrito y dibujado un trabajo de investigación y análisis [Almogarems y goros. Una construcción aborigen en la montaña de Tauro (Gran Canaria)] sobre lo que tenemos ante nuestros ojos al llegar a este momento del recorrido. Se trata de una construcción de gruesas paredes de piedra seca formando tres cuerpos: “El cuerpo central es una elipse irregular de 8,5 x 10,5 metros, con una entrada de 2 metros de anchura. A este cuerpo se encuentran adosados los dos restantes. El de la izquierda, al norte del cuerpo central, es un cuadrilátero abierto totalmente por una de sus caras a una plataforma artificial que tiene en su centro un pináculo cónico de 1,50 metros de altura; las dimensiones del espacio abrazado por las tres paredes es de 3,10 x 4,80 metros. El tercer cuerpo es casi cuadrado, midiendo 4,40 x 4,60 metros, y presenta dos entradas y un nicho o cabecera”.
Destaca el autor que en todo el recinto, orientado al norte sobre el filo de una empinada ladera y con vistas a las cumbres de la isla, “no se aprecia la más mínima señal de habitación, ni resto alguno de techumbre”. Con esta información, ¿qué función pudo tener esta construcción para quienes la levantaron en la época prehispánica? Faustino García descarta los usos de habitación, de refugio pastoril (pues es una construcción demasiado sólida), ni funerario (tampoco parece lugar para la preparación de cadáveres). Así pues, quedan las opciones de uso comunitario o de culto.
“La altura, el paisaje que domina, la estructura particular del cuerpo abierto, la cualidad de la montaña como altura aislada y predominante, todo ello nos obliga a pensar en un sentido religioso del monumento, sin despreciar una solución híbrida, cívico-religiosa (…). La explanada donde se halla (…) es ideal para una congregación de fieles, bien para actos religiosos, bien para festejos…”.
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Pared oeste del yacimiento aborigen en la montaña de Tauro, posiblemente destinado a ceremonias religiosas./ foto Y. M. |
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| CUADERNO DE CAMPO |
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Por David Bramwell |
El camino a Tauro es un sendero lleno de sorpresas del que recuerdo la primera vez que lo subí. Fue poco después de mi incorporación al Jardín Canario como director, en el año 1974, y fuí en compañía de don José Alonso (Pepito), jardinero mayor, y Bernardo Navarro, biólogo y ahora subdirector del Jardín. En la subida pasamos por delante de dos dragos pequeños, inaccesibles en los riscos del barranco de Arguineguín, pero visibles desde la cornisa. Habían sido descubiertos unos años antes por Günther Kunkel quien los citó como un nuevo hallazgo de Dracaena draco (el drago de Canarias). Sin embargo, aproximadamente una década después, cuál fue nuestra sorpresa cuando, viendo el material de flores, frutos y hojas recolectado y estudiado a fondo por el biólogo Águedo Marrero y su fiel colaborador Rafael Almeida, ambos del Jardín Canario, descubrimos que estos dragos de la zona sur de Gran Canaria pertenecían a una especie totalmente nueva para la ciencia, la Dracaena tamaranae.
Pero los dragos no fueron las únicas joyas de aquella excursión. Debajo de los riscos y en dirección hacia el barranco de Puerto Rico, encontramos una pequeña zona húmeda, con agua goteando de las rocas, y un árbol, un laurel colgado de aquellos mismos riscos. Un laurel (Laurus novocanariensis) en pleno sur de la isla, totalmente fuera de su hábitat natural en los bosques de laurisilva del norte de la isla. Nos pusimos a especular (¿cómo llegó el árbol allí? ¿Por algún pájaro, quizás una paloma que había comido semillas en Los Tiles de Moya y, posteriormente, depositadas cuando tomaba agua en este lejano lugar del sur?). La verdad es que muchas veces no sabemos la causa de los milagros de la naturaleza. Pepito Alonso bautizó el lugar como “El Salto del Laurel” y todavía utilizamos esta denominación en el Jardín Canario. Además del drago y el laurel, el camino nos llevó también a una pequeña población de la Globularia salicina, especie frecuente en algunas de las islas occidentales, pero rarísima en Gran Canaria: era la primera vez que la veía en esta isla. Así pues, fue un día que nunca he olvidado, que me llenó de entusiasmo para el cargo que estaba empezando a desempeñar, ¡y en un lugar que todavía considero como mágico!
| FICHA | |
Ilustración de Henry para el libro de Bannerman 'Birds in the Atlantic Islands'./ EL MUSEO CANARIO |
Pico picapinos o pájaro carpintero (Dendrocopos major). Es endémico de Gran Canaria (D. m. thanneri) y de Tenerife (D. m. canariensis). Martín y Lorenzo (Aves del archipiélago canario, 2001) observan con extrañeza que esta ave forestal (en la imagen, arriba) ligada a los pinares canarios no habite en islas como El Hierro o La Palma. En Gran Canaria se ha citado su avistamiento en la montaña de Tauro. Reyezuelo (Regulus regulus). Común en algunos pinares tinerfeños, en Gran Canaria llama la atención su casi inexistencia. Pinzón azul o pájaro azul (Fringilla teydea). Es el único endemismo canario exclusivo de los pinares, del que se conocen dos subespecies, una en Tenerife (F. t. teydea) y otra en Gran Canaria (F. t. polatzeki), esta última en peligro de extinción.
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| DISTANCIA Y TIEMPO |
Recorremos un pequeño tramo del camino real Tejeda-Mogán, que parte de la pequeña presa de Salto del Perro para ascender hasta la degollada de Las Lapas, un espléndido mirador sobre el barranco de Mogán cerca de la cima de la montaña de Tauro. Una desviación nos acerca a un yacimiento aborigen y a otras vistas impresionantes. En total, son unos 5 km a pie que se hacen en una hora y 40 minutos (sólo ida; pero hay que volver).
Carboneros y pinocheros
El sendero que describimos atraviesa el Paraje Natural del Macizo de Tauro, por una ruta que antaño hacían carboneros y pinocheros entre los pinares de Ojeda e Inagua y el pueblo y playa de Mogán, para llevar el carbón y la brea que se enviaba en barcos de cabotaje hasta el puerto de La Luz y de Las Palmas. Tras pasar la cañada de la Fuente del Durazno, se ven junto al camino los restos de un antiguo horno de brea.