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SENDERO > El Juncal a roque Mulato (Gran Canaria)
El roque Mulato es el objetivo a alcanzar en esta ruta, que nos descubre uno de los muchos monolitos naturales de roca que jalonan el paisaje de Gran Canaria. Y para llegar hasta él, incluso podemos divertirnos dándonos algún que otro chapuzón en las aguas cristalinas del barranco del Juncal.
Aguas divertidas en un barranco enmarañado
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Por Manuel Á. Navarro |
En la zona centro-oeste de Gran Canaria y a seis kilómetros de Ayacata se esconde un precioso lugar. Desconocido para la mayoría de los propios residentes en la isla, su presencia de hace evidente justo después del pueblo de El Juncal de Tejeda y es el objetivo del sendero en esta ocasión: el roque Mulato. El sendero nace como pista de tierra siguiendo el curso del barranco del Juncal y el rumor del agua en el invierno. La pista agoniza pasado un kilómetro y medio, aproximadamente, desde que salimos del pueblo cumbrero de El Juncal y se estrecha para dar la bienvenida a un camino estrecho que rodea una tupida vegetación. El verde se abre poco a poco a un magnífico balcón que muestra casi a vista de pájaro el trazado a seguir.
La variopinta flora decora el paisaje de colores de una amplia gama, dejando sobresalir entre palmeras canarias y tajinastes, la huella de una presencia humana que se manifiesta en piteras, almendreros y tuneras que dan ritmo y sentido a esta enorme depresión del terreno antaño habitada por laboriosos isleños dedicados a la agricultura y el pastoreo.
Inhóspito y salvaje
Se trata de un barranco bien protegido en sus flancos por grandes riscos de corte limpio, que le dan una sensación de inhóspito y salvaje. El barranco del Juncal se junta con el barranco del Toscón y ambos se convierten, al seguir unidos en un solo curso, en el barranco de Siberio. Es un lugar caprichoso que invita a seguir el sendero, cruzando de una ladera a otra al atravesar el rumor cristalino del agua que también cabalga saltarina en la época de lluvias. Bien sea siguiendo el camino del agua, o bien por el trazado claro del hombre rural, los ojos se encuentran al fin con la figura imponente del roque Mulato (820 m), que flota en la arista a nuestra izquierda y se asemeja a la silueta de las carabelas de Colón con las velas abiertas al viento.
Si la ruta se hace por el propio cauce de agua hay que tener en cuenta que lo accidentado del terreno nos obligará a dos rapeles cortos de unos 15 metros aproximadamente, para el que se precisa cuerda y dos vagas anchas, ya que el barranco no está equipado para su descenso.
El terreno nos deja descansar del continuo descenso que hemos estado practicando cuando llegamos a un puzzle de roca basáltica desprendida sobre el que se ha ido asentando el camino. Ya desde aquí asoman las primeras casas que vamos a encontrar en el recorrido, de anchos bloques de piedra y cubiertas de teja canaria vencida por el peso de los años. Unas construcciones que hoy adornan helechos y otras plantas que lamen las grietas y arrugas de estas ancianas y deterioradas paredes, deshabitadas salvo contadas excepciones (Juan Quintana vive y comparte custodia de un naciente de agua junto a algún vecino más de este remoto lugar). Desde aquí podemos continuar por la pista que comunica con el pueblo de El Carrizal de Tejeda, donde concluye la ruta, o regresar al punto de partida por el mismo sendero que nos ha traído hasta aquí.
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El autor de este reportaje desciende a rapel por una cascada del barranco del Juncal./ foto DIEGO MONTEIRO
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| DISTANCIA TIEMPO Y ALGO MÁS |
Los 9 km de esta ruta se pueden hacer en dos horas y media (otro tanto si regresamos al punto de partida: El Juncal de Tejeda). Un camino fácil aunque con bastante desnivel que ofrece la opción, a quienes practiquen rapel, de hacer una parte del mismo por el propio cauce del agua: en tal caso es imprescindible contar en el equipo adecuado (cuerda de 45 metros, cintas planas para rapelar y mosquetones, además de trajes de neopreno).