SENDERO > Camino de Jinama, en El Hierro (y 2)

CAMINO DE JINAMA (Y 2)

La ruta de las mudadas (y 2)
Cuaderno de campo
Distancia, tiempo y algo más

 

Jinama: el más transitado y de más exuberante vegetación de los senderos de El Hierro. A través de él los herreños han ido a la vendimia, recoger la simiente, cavar las papas... o a practicar el malgareo, una curiosa tradición por la que voces anónimas difundían los secretos y defectos de sus vecinos.

 

EL MALGAREO

 

Desde Fuente Tincos a El Miradero hay 267 metros de empinado camino, que salvan una diferencia de 75 metros de altitud./ Y. M.

 

La ruta de las mudadas (2ª parte)

Por Yuri Millares

Superamos la altitud de 900 metros sobre el nivel del mar, dejando atrás uno de los rincones más espectaculares del camino de Jinama (Hoyo de Tincos), y a continuación nos espera un tramo con un desnivel de 75 metros de altitud en un recorrido muy corto de muchas curvas hasta llegar a El Miradero, la única parada de descanso que hacían los lugareños (si no llevaban cochinos, como se explicó en la primera parte de este reportaje), ya fuera subiendo o bajando. Ante nuestros ojos se extiende el espectacular paisaje de El Golfo con sus asentamientos (al pie, las casas de El Lunchón, La Carrera y Las Lapas, que acogía a los de Valverde; hacia el norte, Los Mocanes, que acogía a los de más al norte aún como Guarazoca y Echedo; hacia el sur, Belgara, Las Toscas y Los Llanillos, que acogía a los de Isora, El Pinar y San Andrés respectivamente).

Y asomados a este mirador natural practicaban una curiosa costumbre algunos herreños: el malgareo. Sólo se podía poner en práctica esta extinguida tradición cuando se moría (o mataban) un burro en la zona. El malgareador, entonces, subía de noche y sin ser visto voceaba críticas al viento que repartía entre sus vecinos según despiezaba (verbalmente) al asno. “Durante la República, con la libertad que había, era muy divertido. Con el franquismo y la represión, desapareció”, explica nuestro guía Andrés García García. “Hay que tener buena voz, capacidad para cambiar la modulación a fin de no ser reconocido y buenas piernas para correr”, dice, recordando el dicho de los viejos: “Noche de malgareo, noche de tiros”. La noche, además de proporcionar cobertura al anonimato, permitía viajar mejor a la voz, pues el aire baja de cumbre a mar, al contrario que durante el día.

Después del descanso y disfrute de las vistas, hay que seguir subiendo entre árboles como el paloblanco (un formidable ejemplar sigue en pie, calzado por piedras que el agua ha dejado a la vista tras erosionar la tierra, a continuación del tramo de calzada más largo sin una curva), el laurel o el viñátigo. La ausencia de ganado hace años ha regenerado la vegetación a favor de madroños, follaos y laureles (especies más nobles del monteverde) y en perjuicio de los brezos que han cedido terreno. Alcanzamos la Cueva de las Pipas (llamada así por la semejanza de unas piedras con la colocación de unas barricas de vino) en la zona de humedad más intensa del recorrido, tras lo que caminamos los últimos 800 metros de trazado ya con menos humedad y más brezos (a la mitad de los cuales hay un descansadero con mesas y bancos), hasta cruzar el tronco retorcido de una sabina que hace arco y finalizar junto a la ermita de la Caridad y el Mirador de Jinama.

 

El empedrado del camino de Jinama discurre por casi todo el recorrido de sus 4,3 kilómetros./ foto Y. M.

 

CUADERNO DE CAMPO

 

Artículo de David Bramwell (Director del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo) para este sendero en el número anterior.

 

DISTANCIA, TIEMPO Y ALGO MÁS

 

El Golfo

Concluimos los 75 metros que nos faltaban para alcanzar El Miradero y llegar a la cota 970. Desde este lugar de descanso disfrutamos de unas vistas espectaculares de El Golfo. Unos higos pasados y unos tragos de agua después, reiniciamos el camino para andar los 1.500 m que nos quedan para completar los 4.388 m. del recorrido total, hasta alcanzar la cota 1.230. En total, hemos empleado unas tres horas y media.

Brumas y humedad
A medida que se sigue ascendiendo, las últimas 16 serpenteantes vueltas del camino (hasta El Miradero ya habíamos hecho otras 46) se percibe una mayor humedad por la influencia de los alisios. Los árboles del monteverde están cubiertos por líquenes.

Mirador de Jinama
La inusual anchura del camino nos da la pista (y el alivio) de saber que nos acercamos al final del recorrido, que se produce al llegar a la ermita de la Caridad (con frecuencia oculta por la bruma). Ante ella, asomados al mirador de Jinama, podemos ver El Golfo en todo su esplendor en días despejados.

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